jueves, 22 de marzo de 2018

DISCO DE LA SEMANA: NOVEDADES VARIAS


Chuck Beattie: Natural Man. Desde luego que buena hornada de bluesmen la que nos da Carolina del Norte de un tiempo aquí. Este cantante y guitarrista atesora un nivel muy alto en un disco donde sobresale una voz poderosa y una guitarra capaz de dominar estilos clásicos anclados en el blues de Chicago estilo west side, caso del tema "Roll Call" o marcarse funky blues más bailón como "Never Get Rich". Especialmente me quedo con la guitarra en ese baladón repetitivo "I'm Guilty" (soy culpable, culpable de quererte a ti). Es un disco asequible y con un poder de adicción notable. Quizás uno de los descubrimiento más sorprendente en lo que llevamos de año.
 
Jimmy Markhan: Get Ya Head Ready. Una vez escuché decir que los cincuenta es la mejor edad para el blues. No tengo claro la edad de este bluesman que por las fotos debe andar por ahí pero el disco que nos presenta es de un nivel propio de alguien que domina con sobresaliente soltura la música negra americana en todo su amplia espectro. El blues cansino y arrastrado a lo Jimmy Reed como "Cold Hands, Cold Heart" , zydeco en el tema "Please Justine", parte de New Orleans contenido en el contagios "Desiree", blues explosivo con emulación de Howlin Wolf en "Judgement Day" y un tema que la banda de Myddy Waters firmaría gustosa, "Wrong Side Of The Bed", divertido y picante como al viejo Mckinley Morganfield le gustaba. No nos extraña su admirable álbum de fotos con gente como JJ Cale, Bobby Keys y otros ilustres.
 
Mud Morganfiled: They Call Me Mud. No necesita presentación este apellido, vástago del gran rey del blues de la ciudad del viento, Muddy Waters. Y aunque en el título homenajea al viejo, su contenido es alejado de los cánones blueseros de la vieja escuela. Aquí hay una carga más que notable de soul, funk y west side de los más cachondo. Pasa del blues crudo y recio (por otra parte magnífico) de sus anteriores disco a un grado mayor de sofisticación que le da una arista más a su carrera y le confirma como algo más que "el hijo de". No sé que pensaría papá si escuchara ese silbeante "24 Hours" más propios de devaneos a lo Buddy Guy más fino o ese blues plagados de vientos con clara herencia de otro sobresaliente como BB King. Su voz suena menos rasgada y se contiene en favor de un sonido cool y elegante.
 
Billy Walton: Soul Of A Man. Blues rock, sí pero de New Jersey, por donde cae más o menos Asbury Park. ¡Qué gran disco! Estamos hablando de un tipo que se consagra codo a codo con gente como Southside Johnny o Little Steven. Luego hacemos trampa al meterlo en esta lista, sí pero no, porque "I Don`t Know", "It Ain't True" y "Minglewood" no existirían sin el legado de Mississippi. La guitarra de Walton es estratosférica y los arreglos de vientos (un distintivo de las bandas de esos lares) son una pasada. La versión que se marcan del "Green River" una locura. Más que recomendable obligatoria.
 
 
Quique Gómez & His Vipers: Dealin' With The Blues. Disco de 2017 de una de las dos bandas más grandes que tenemos en nuestro país de blues. Aunque podría ser más bien un disco de su banda habitual Los Gatos Bizcos aquí arrasa con una buena propuesta de versiones que repasan desde Willie Dixon a Marvin Gaye. A mayor gloria de la harmónica de Quique Gómez que brilla especialmente y de la guitarra de Pablo Sanpa y Curro Serrano. Una banda que funciona en directo tanto como en sus discos y que dejan muy alto el pabellón más que notable de una hornada de bluesmen jóvenes que darán que hablar y que deberían estar arrasando en los festivales de todo el mundo. Tiempo al tiempo.


James Harman: Fineprint. Debilidad absoluta, no puedo ser objetivo. Adoro a James Harman, si alguna vez ves un disco de este tipo no lo dudes ¡todos son buenos! Sus primeros discos son obras de artes, tiene maravillas en su madurez que merecen ser enmarcados como aquel "Two Sides To Every History" y nada que decir de sus últimas obras que están a un nivel muy alto comparado con lo que se produce hoy en día, "Bonetime" del 2015 es un disco increíble. Esto no iba ser menos, de Este a Oeste maneja todos los estilos con soltura, harmonicista con tintes clásicos y sin estridencia, genial vocalista y fenomenal compositor. Verlo en directo ha sido de las mejores experiencias, con un concierto de apenas 45 minutos dejó al respetable alucinado. Un grande sin peros posibles.
 
 

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