sábado, 17 de febrero de 2018

DISCO DE LA SEMANA: JOHNNY TUCKER, SEVEN DAY BLUES (2018)


He tenido más de un mes pendiente la escucha de este disco y, el azar, en ocasiones juega a nuestro favor, ya que active el play por error pensando que se trataba de otro artista. En el visor del reproductor sale el nombre de un tipo desconocido para mí, Johnny Tucker y para mi sorpresa la fecha de producción que le acompaña es del 2018, el efecto es instantáneo. Le emoción que transmite el disco desde su inicio, ese sonido directo, tal que estuvieses en un garito de Maxwell Street, la estremecedora voz de Tucker, el eco de la sala donde se escucha claramente que están metidos todos los músicos grabando al estilo de los clásicos del estilo, conecta de inmediato con mi subconsciente repleto de los sonidos de discos que cambiaron para siempre mi vida como los “Real Folk Blues” que sacó en los sesenta Chess Records de gente como Waters o Sonny Boy Williamson. Y a mi cabeza viene una idea: estoy delante de un clásico contemporáneo del blues. De un disco que va a durar, que pervivirá a lo largo del tiempo y será referencia del blues de este siglo que ha dado pocas obras maestras de momento.  Los discos nacen del talento de un grupo de gente y, a pesar de que no conozco el catálogo del sello que lo edita, HighJohn Records, no va a pasar tiempo desde que haga un barrido por el mismo, es indudable que contar con un elenco de músicos, de lo mejor del momento, no hacen otra cosa que engrandecerlo. Aquí están muy presentes los chicos de la banda, digo “muy” porque no es solo una simple colaboración de “stars”, la emoción no se compra. Aquí está el guitarrista Big John Atkinson, el que repite más a lo largo del disco; el bajista Scott Smartt, que alterna con la guitarra; en armónicas Troy Sandow –también al bajo- y omnipresente Bob Corritore soplando harmónicas; Robert Welch, que entra en el órgano y una colaboración del mismísimo Kid Ramos en mitad del disco; vemos como los mismos músicos se van alternando en los instrumentos, como si fuera un día de buen rollo en el local de ensayo. Esas entradas de instrumentos marcadas por los gritos de Tucker o los jadeos del propio cantante le dan más credibilidad al disco, llega a poner pelos de puntas, a mi memoria discos grabados en el mismo estilo como Hoodoo Man Blues de Junior Wells & Buddy Guy o el tremendo Woodstock Album de Muddy Waters. Te doy otro dato: todos los temas son originales y compuesto por Johnny Tucker. El salto inicial es de traca, Talkin About You Baby, rememorando la fiereza del mismísmo Howlin Wolf y con esos licks de guitarra tan característicos de su escudero Hubert Sumlin. La voz de Tucker es poderosa, y aunque la referencia sea el anteriormente nombrado Howlin’ Wolf, este huye de cualquier histrionismo o tic exagerado, dejando una clara impronta personal. El siguiente tema es Tired Of Doing Nothing, que ataca con una harmónica con un sonido saturado al límite, “cansado de no hacer nada, de no hacer nada por mí”, bestial shufle con mensaje ante la depresión y la apatía. Why do you let me down so hard es una amarga plegaria de desesperación por salvar un amor imposible, regado por la harmónica del gran Bob Corritore. Love and Apreciation es un giro a terrenos más soul, vía Sam Cooke, donde da la talla de sobra y puede que esté entre las favoritas del disco. Aunque para favorita total está Seven Day, la que le da el título, un tema funky ejecutado en clave de improvisación con solos más amplios de la banda base, repetirá con este estilo funky en I Wana Do It y con los mismos resultados. La Gibson de Atkinson da paso a la Fender del exThunderbird Kid Ramos en Come On Home With Me en un claro ejemplo de sonido del West Side de la ciudad del viento y, como no da opción al aburrimiento, en el siguiente tema, Tell You All, coge el protagonismo el órgano de Bob Welch. Cuidaíto que solo estamos en la mitad del disco y ya me falta el aliento. Qué bien están los harmonicistas del disco, pausados y sin notas que sobren, esta Something To Tell You es un regalo para cualquier aficionado al instrumento. Arrasa con los medios tiempos Gonna Give You One More Chance y One Of This Days. A vueltas con el “lobo ahuyador” en I Can’t Wait y Listen Everybody, otras dos muestras geniales lo que pasó en los estudios Chess fue cosa seria. No se puede acabar sin un tema al mismo nivel, en You Can Leave My House con Atkinson al bajo y Scott Martt a la guitarra demuestra que si grabas un disco pasándolo bien todo lo demás va rodado ¿Cuánto tiempo hace que un tema de casi 6 minutos te deje con ganas de más? No ha parado de sonar desde que lo puse, este disco está dentro de lo imprescindible del año y entra en la discoteca de favorito forever.

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