
James Armstrong: Blues Been Good To Me. En mi memoria uno de los mejores conciertos del año. James Armstrong es la herencia de esos guitarristas que son capaces de crear un puente entre todas las músicas negras. La elegancia del soul-blues de Robert Cry, el funk-blues de Alber King y la furia de guitara tejanas como la de Johnny Copeland. Este disco lo confirma como esa estrella que quiere, por derecho, dar el salto de la fila A a la B con todo merecimiento. Destaca el magnífico cover de Robert Palmer, Addicted to Love y al revisión de un tema propio, Slepping With a Stranger.
VV.AA. Howlin' At Greaseland. Uno de los discos del año es esta maravilla en forma de tributo. Siempre hay una excusa para volver a escuchar al gran Howlin' Wolf. Posiblemente uno de los mejores bluesmen de la historia y sobre el que no pasa el tiempo: canciones intemporales que forman un repertorio de ensueño. Contar para este disco con un elenco de bluesmen estupendos, clásicos y contemporáneos es una suerte. Pero no te olvides, nada mejor que un disco del viejo lobo, la furia, el blues del Mississippi electrificado, la armónica desatado y el aullido hasta el infinito, así eral el lobo.


R.L. Boyce: Roll & Tumble. Disco de blues del año, o quizás uno de ellos. Gracias mil a Luther. Un rescate imprescindible de un bluesmen desconocido para mí hasta ahora. Heredero de RL Burnside y compañero de faena. Dirije Luther Dickinson que aporta con su guitarra otra cátedra insuperable. Intenso, directo, con una sencillez que solo consiguen los que se han criado a orillas del Mississippi metidos en las mejores Jukes Joint del planeta.

Mitch Woods: Friends Along The Way. Un disco que enamora desde el principio, puede que tenga que ver la colaboración de un Van Morrison en gracia, al que últimamente todo le sale. Pero esas finas líneas de piano acreditan el nivel de este tipo, clásico a más no poder y dueño de la herencia de grandes como Louis Jordan. Impagable el tema que canta a la limón Morrison y Taj Mahal.
Q & The Moonstones: This & That. No te dejes convencer por los créditos de este disco. Que el productor sea la leyenda Mike Vernon (¡como es posible que más de la mitad de los discos de blues más importantes producidos en los 60 y 70 lleven su nombre! No te dejes llevar por el elenco de colaboradores nacionales (Charly Riverboy, Julian Maeso...) o de colaboradores internacionales (Rick Estrin, Jason Funderburgh, Jeremy Spencer...) No, déjate llevar por su calidad indiscutible, el mejor disco realizado por un grupo nacional de blues y rythm blues en años. Con la guitarra de Quique Bonal y la voz de Viky Luna como estandarte tenemos su obra definitiva que lo complementan con uno de los mejores directos del momento en nuestro país.

The Quireboys: White Trash Blues. Tras el Black & Blue de los Stones esperaba una buena apuesta por el blues de aquellos grupos que le deben más que la vida a este estilo. Los Quireboys van a lo fácil y se marcan un repertorio de aupa, con un poco de más mala leche que sus hermanos mayores y con un guiño evidente a su grupo de referencia capital, Tha Faces. Ahí queda un disco más que notable donde además se han permitido meter temas clásicos negros más cercanos al soul como "Walking the Dog" o al rock and roll como "Little Queenie" del insuperable Berry.